AYER CONVERSAMOS SOBRE MARITA LORENZ Y SU ENCONTRONAZO CON LA BELLÍSIMA AVA GARDNER. HOY LES TRAIGO LA HISTORIA DE ESTA MUJER ENAMORADA DE FIDEL CASTRO Y QUE NO PUDO ASESINARLO POR AMOR…. ¡QUÉ LÁSTIMA!
Por Eduardo Berti
La azarosa vida de Marita Lorenz bastaría para llenar varias películas de Hollywood. Pasó la infancia en un campo de concentración. A los 7 años, recién finalizada la guerra, fue violada por un soldado norteamericano. A los 19 años fue la amante de Fidel Castro. A los 22 tuvo una hija con el ex dictador venezolano Marcos Pérez Jiménez. Un año después compartió una misión con Lee Harvey Oswald, presunto asesino de John F. Kennedy.
De todos esos episodios, el director de cine Wilfried Huismann prefirió centrarse mayormente en el romance con Castro para realizar un documental titulado Dear Fidel, basado a su vez en el libro autobiográfico Lieber Fidel – Mein Leben, meine Liebe, mein Verrat (Querido Fidel – Mi vida, mi amor, mi traición) que Lorenz publicase en 1993.
Huismann había estrenado ya numerosos documentales (sobre los fotógrafos holandeses durante la resistencia en la ocupación nazi, sobre el crimen de los atletas israelíes en los juegos olímpicos de Munich 72 , sobre Anwar el Sadat, sobre la oposición en Cuba) cuando, impactado por el libro, decidió viajar a Nueva York para entrevistarse con Marita Lorenz. Sentía, a un tiempo, entusiasmo y resquemor. “¿Qué diría un productor de cine si uno le enviase un guión con la historia de Marita? Casi seguro que lo descartaría por demasiado inverosímil. Yo mismo sospechaba acerca de la autenticidad de los hechos”. Corría noviembre de 1998. La “Mata Hari de Castro”, como llegó a apodarla la prensa norteamericana, recibió a Huismann en su humilde departamento, donde sigue viviendo en el presente, a los 62 años.
“El lugar era miserable, lleno de muebles vetustos”, recuerda Huismann. “Marita no tenía dinero. Comía únicamente unos donuts que le daban en el deli de al lado. Y sobre la mesa había puesto, enmarcada en oro, una foto de Fidel Castro, el hombre del que aún está enamorada y cuya vida ella salvó hace cuarenta años”.
La entrevista duró seis horas. No bien supo que Huismann era, igual que ella, de Bremen, Marita se abrió y le contó toda su historria. “Fidel destrozó mi vida pero fue maravilloso”, le dijo. El cineasta, aunque salió “completamente exhausto”, comprendió en seguida que “era tarde para no hacer un film sobre Marita”. La pre-producción llevó casi dos años y Huismann ya se predisponía para “un rodaje turbulento” cuando su camarógrafo Reini Gossmann le dijo: “El film sólo va a funcionar si amamos a la protagonista”. La decisión también incluyó, por supuesto, el precio de creerle absolutamente todo.
Cubanito barbudo
Hija del capitán Henrich F. Lorenz y de la actriz norteamericana Alice June Lofland, Marita Lorenz nació en Alemania en 1939. Luego de haber sobrevivido a la guerra y al campo de concentración de Bergen-Belsen, y poco después de haber sido violada por un soldado norteamericano, fue llevada por su madre, junto con sus demás hermanos, a los Estados Unidos.
Antes del exilio, el verdadero hogar de Marita había sido el barco de su padre. Ella deseaba ser marinera. Su padre había sido el capitán del vapor de pasajeros más veloz del mundo, el Bremen IV, y gozaba de gran reputación en la marina, al menos hasta que dos incidentes, ocurridos respectivamente en 1938 y 1941, vinieron a manchar su prontuario.
Todo era culpa del clima de paranoia que rodeaba la asención de Hitler. En el primer incidente, el de 1938, Heinrich Lorenz fue arrestado en Nueva York y acusado de espionaje porque unos cuantos agentes de inteligencia alemanes disfrazados de turistas habían descendido, así parece, del buque que él comandaba.
En 1941 fue al revés: el Bremen había sido convertido en un barco para transportar soldados y estaba a punto de atacar Inglaterra, cuando naufragó víctima de una ofensiva aliada cerca de la costa de Bremenhave. La Gestapo interrogó al Comodoro Lonrenz durante tres días. Se sospechaba de él porque su esposa era norteamericana. Aunque nada pudo probarse en su contra, Lorenz volvió a la guerra despojado del cargo, rebajado a teniente comandante.
Meses más tarde se supo la verdad: Lorenz había, en efecto, llevado a cabo tareas de contra-espionaje, lo mismo que su esposa. En 1944, ella y su hija Marita fueron enviadas a Bergen-Belsen. Ambas sobrevivieron y tras la caída del regimen nazi, Alice June trabajó como asistente del responsable militar de Bremenhaven y más adelante hasta colaboró con la CIA.
Acabada la guerra, mientras Alice June se instalaba en los Estados Unidos, Heinrich Lorenz volvió a capitanear barcos de pasajeros. Primero el Berlin, hasta 1959. Después el Bremen V.
Su hija Marita no perdía oportunidad de embarcarse. Y fue a bordo del Berlín cuando en 1959 a la edad de 19 años, conoció a Fidel Castro. La revolución cubana acababa de vencer. El barco alemán amarró en el puerto de La Habana y Fidel en persona subió a saludar a la tripulación. Allí mismo, al lado del capitán, estaba Marita. “Fue una flechazo a primera vista”, recuerda ella. Lo mismo opinó, entrevistado por Huismann, Jesús Yáñez Pelletier, por aquel entonces escolta de Castro.
Pese a las advertencias del capitán Lorenz, Marita bajó a tierra decidida a quedarse junto a Fidel. “Serás la reina de Cuba”, cuenta Marita que le prometió Castro. El le decía “mi alemanita”, ella lo llamaba “mi cubanito barbudo”. El romance duró ocho meses, de febrero a octubre de 1959. “Fidel era muy afectuoso”, rememora Marita. “Yo me sentía joven y hermosa a su lado. Nos entendíamos muy bien”.
El 20 de mayo de 1959, desde su suite 1222 en el hotel Havana Riviera, Marita le escribió a su madre: “Estoy bien, tengo todo y soy feliz”. Le contó asimismo que “esta mañana Fidel está en Sierra Maestra”, que “va a regresar en algún momento de la noche” y que, al despertar, halló la habitación llena de flores.
Aunque casado en 1948 con Mirta Díaz Balart, una joven estudiante de filosofía, madre de su hijo Fidelito, Castro llevaba ya cinco años divorciado y mantenía por entonces innumerables relaciones: las más notables con la socialista Natty Revuelta (madre de su hija Alina) y con una compañera de armas llamada Celia Sánchez. “Un día”, recuerda Lorenz. “me encontré cara a cara en el ascensor del hotel con Ava Gardner, pese a que Fidel nos alojaba en diferentes establecimientos para evitar que se armasen problemas. Estaba borracha y me dio una cachetada”.
Marita Lorenz iba en camino de ser otra de las tantas amantes de Castro cuando se produjo un embarazo fuera de los planes. El 18 de septiembre de 1959, embarazada de cinco meses, fue “secuestrada del hotel” y transportada “a la fuerza y drogada” para que un tal doctor Ferrer induciese un aborto. Marita se resiste aún hoy a pensar que haya sido el propio Castro quien tomó la decisión. Más bien prefiere explicarse que fue obra de la CIA. O que el entorno del gobierno cubano quiso impedir el nacimiento de otro hijo de Fidel. Como sea, el romance finalizó junto con el aborto y Marita volvió de inmediato a Nueva York, a casa de su madre.
El regreso no fue nada sencillo, tal como lo testimonia una carta escrita por Alice Lorenz, el 1° de enero de 1960, al “Premier Ministro Dr. Fidel Castro Rus” (sic). En la carta, Alice acusa a Castro de haber seducido a su hija menor “bajo falsas promesas” y de haberla dejado en “un grave estado físico y mental”, ya que “está atravesando ahora tratamientos médicos y psicológicos”.
La venganza
Un informe secreto del FBI, que data del 21 de mayo de 1960 , confirma que “Miss Lorenz fue considerada como una de las novias de Fidel Castro” y que quedó embarazada de él. Antes de que viese la luz pública en 1988, el informe circuló en un ámbito estrecho y llamó la atención entre la cúpula de la CIA.
La agencia de inteligencia norteamericana no tardó en tomar contacto con Marita. El encargado de reclutarla fue un tal Frank Sturgis, a quien el mismísimo Fidel llegó a tildar como “el mejor y más peligroso agente de toda la historia de la CIA”. Emperrado en matar a Fidel, Sturgis era el mandamás en un centro que funcionaba en Miami bajo un nombre clave: JM/WAVE. Había allí unos cuatrocientos empleados, unos 3 mil agentes y unos 5 mil mercenarios. Marita Lorenz era la única mujer ente los mercenarios. Su instructor personal fue Gerry Patrick Hemming, comandante de la Anticommunist Penetration Brigade. Marita dice que le “lavaron el cerebro”, que “hicieron de mí un robot”. A sabiendas de que había escapado con vida de un campo de concentración, le repetían sin parar que “quien sobrevivió a Bergen-Belsen puede trabajar para la CIA”.
En su film, Huismann admite como cierta la versión de Lorenz de que intentó envenenar a Castro por encargo de la CIA, en uno de los muchos frustrados atentados de la agencia de inteligencia estadounidense contra el presidente cubano. Otras fuentes indican que la orden fue “dictada por la mafia estadounidense”, que no perdonaba a Fidel el hecho de haber clausurado los casinos que el dictador Fulgencio Batista les había permitido levantar y administrar a voluntad en la isla.
Ciertos documentos del FBI recogen declaraciones de Sam Giancana, uno de los jefes de la mafia, vanagloriándose de tener a “una chica” pronta a envenenar a Castro. Sucesor de Al Capone, Giancana calculaba por aquel tiempo que la expropiación de los casinos equivalía, para la mafia, a perder 100 millones de dólares anuales.
Puede que la “chica” a la que aludía Giancana fuese Lorenz. Lo concreto es que el operativo –haya sido timoneado por la CIA, por la mafia o por ambos grupos en conjunto– terminó en apasionado fracaso: Marita y Fidel se dieron cita en la suite que éste último tenía en el Hotel Habana Libre; Castro le dijo: “Sé que vienes a matarme”; ella no supo si hablaba en broma o en serio, pero espontáneamente resolvió arrojar por el bidet las cápsulas de veneno que le habían dado como en una película de James Bond. “El amor fue más fuerte”, escribió en su autobiografía. “Hice el amor con él y le entregué los 6 mil dólares que me había dado la CIA para la misión. Ellos (los norteamericanos) no me lo perdonaron jamás”. Se cuenta también que Castro le habría dicho, en tono de reproche: “Nadie puede matarme”.
“¡En lugar de envenenar a Fidel, se acostó con él!”, exclama su entrenador, Gerry, en el film de Huismann. “Ya no podíamos confiar en ella”.
Ultimo encuentro
“Entrar a la CIA es fácil. Pero hay una sola formar de salir: dentro de un ataúd”, dice Marita Lorenz. Esto explica por qué, pese a haberse convertido en una espía poco confiable, sobre todo en lo vinculado a Cuba, la CIA siguió encomendándole tareas. Una vez debió trepar a una avioneta para arrojar panfletos anticastristas en La Habana. “¡Fuego a Fidel!”, rezaban. Antes de haberlos lanzado, ella garabateó al pie de cada uno: “Fidel, te amo”.
Obligada por la CIA, pero también por despecho hacia Castro, Marita trabó relación con el ex dictador de Venezuela, el general Marcos Pérez Jiménez, uno de los principales financistas de la campaña contra Cuba. Marita le sacó 400 mil dólares, tomó vino alemán y vivió una noche de sexo con él. “Los dictadores hacen muy bien el amor”, cree ella. Del encuentro nació Mónica Mercedes; “una hija de la Guerra Fría”, como la llama Huismann. En el film, Mónica asegura que habría preferido unos padres más normales. En cambio, debió contentarse con una infancia en la que aprendió, antes que nada, “a cargar pistolas y hacer bombas Molotov”.
Marita volvió a ver a Fidel Castro, el “amor de mi vida”, en1981. “Entonces le confesé mi relación con Pérez Jiménez y él se enfadó. ‘¿ Cómo pudiste ir con ese monito de mierda después de haber estado conmigo?’, me preguntó. Pero en el fondo los dictadores se parece mucho, son todos muy egocéntricos”.
En 1963 Marita Lorenz viajó a Dallas, junto con varios agentes de la CIA, justo unos días antes del asesinato del presidente John F. Kennedy. En el grupo estaba Lee Harvey Oswald y ella asegura haber oído expresiones de odio contra Kennedy. Resultado: Marita terminó siendo, a mediados de los setenta, uno de los testigos que convocó el Investigation Committee puesto a pesquisar el asesinato. Consecuencia: perdió ahí mismo un trabajo que cumplía por entonces para el FBI y sobrevivió a “más de un atentado”, lo mismo que su hija Mónica y su segundo hijo, Mark, nacido en 1969 de su casamiento con Mark Yurasits, agente del FBI.
Su hijo Mark, estudiante avanzado de geología, es quien hoy se ocupa de Marita, “una persona capaz de sorprenderte todos los días” . Entrevistado por Huismann, Mark cuenta que desde temprana edad colaboró con su madre en tareas de espionaje. “Fui el agente más joven que hubo en la historia del FBI”, dice no sin orgullo. Su misión solía ser la de revolver los tachos de basura de las embajadas de China y la Unión Soviética, en busca de rastros de documentos secretos. Para hacerlo, él y su madre se disfrazaban de personal de limpieza.
Los años siguientes al episodio Kennedy fueron los más tranquilos en la vida de Marita Lorenz. A mediados de los ochenta volvió a trabajar para la CIA, esta vez orientando a los refugiados cubanos que llegaban en busca de asilo a los Estados Unidos. En la actualidad, Lorenz habita en un barrio pobre de Nueva York. Su salud es inestable. Su hija Mónica evita todo contacto con ella.
Los dos mayores deseos de Marita Lorenz son, por ahora, quiméricos. El primero consiste en volver a vivir en Alemania, más precisamente en Bremen. El segundo es rencontrarse “por un día” con Fidel Castro, a quien no ve desde hace dos décadas. Su último intento acabó en fracaso. Viajó a Cuba. Se entrevistó en secreto con Jesús Yanez Pelletier, el guardiacárcel del “Presidio Modelo” que en los años cincuenta salvara la vida de Fidel al advirtirle que una comida estaba deliberadamente envenenada. Fue acto seguido hasta el despacho del presidente cubano. Allí, una secretaria la trató “muy amablemente”, hasta dijo saber quién era ella, pero explicó que Castro estaba sumamente ocupado.
“Tuve la sensación de que Fidel estaba espiando detrás de un grueso cortinón”, afirma Marita, quien aún sueña con una última reconcilación. “Quiero verlo, charlar y poner punto final a este asunto con él”, sostiene. “Después de todo le salvé la vida cuando la CIA quería matarlo”.
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Que clase de HP !!!!