EN EL 2010 SE ESTRENÓ LA PELÍCULA DEDICADA A MARTÍ NIÑO. ENCONTRÉ EL FILME COMPLETO Y TAMBIÉN UN EXCELENTE COMENTARIO DEL COLEGA LUIS BEIRO. COINCIDIENDO PLENAMENTE CON SUS OPINIONES LE AGRADEZCO A LUIS ESTE ANÁLISIS Y LO PONGO A LA DISPOSICIÓN DE USTEDES.
Con una filmografía impresionante y un discurso cinematográfico que se mueve entre la poesía y la épica con dinamismo y elegancia conceptual, Fernando Pérez (La Habana, 1944), es considerado el cineasta vivo más importante de Cuba. Su obra ha recorrido el mundo con buen pie.
Le ha otorgado lenguaje universal a historias muy cubanas, la mayoría ubicadas dentro de las convulsiones sociales de la etapa de la Revolución. Su más reciente largometraje de ficción, “José Martí: el ojo del canario” fue estrenado en Berlinale 2010, y trata de manera directa, por primera vez en la historia del cine antillano, sobre la infancia y la adolescencia de José Martí.
Mucho esperó la pantalla cubana por una historia donde el héroe nacional fuera su protagonista. La inmensa mayoría del cine sobre su vida se filmó a partir de portarretratos: documentales, cortometrajes, noticias y materiales propagandísticos con fines patrioteros iban y venían con facilidad y facilismo. Eran materiales que lejos de contribuir a resaltar su imagen en tiempo y espacio, se limitaban a trascenderlo solamente a partir de ciertos postulados ideológicos, muchos de ellos importados de regiones exóticas para hacerlo coincidir, a la fuerza, con la doctrina socialista que había adoptado el régimen.
En materia de largometrajes de ficción, su referente inmediato, “Páginas del Diario de José Martí” de José Massip (1971), no fue un proyecto halagador. Ese filme se movió entre el documental y la ficción y, a la larga, no fue ni una cosa ni la otra, y solo mostró una imagen solemne del apóstol que rápidamente salió de las carteleras antillanas.
Con estos precedentes, y sin dejarse influenciar por ellos, Fernando Pérez escribió el guión de su película. Tuvo que asumir la caracterización martiana desde sus propias perspectivas, a partir de investigaciones y testimonios históricos de la época, sacadas del más variado realengo. Fue y es su “Martí particular”.
Preámbulo
Como resultado, ha producido una película que, hasta cierto punto, se acerca al José Martí humano, donde además, sobresale una puesta en escena elegante, una excelente reconstrucción de época, un ritmo narrativo fluido y una dirección de actores bastante equilibrada, aunque con algunos personajes mal diseñados, sobre todo por la falta de colores. Tal vez el más visible sea el caricaturesco y “entusiasta” Salustiano, interpretado por el actor cubano Manuel Porto, un personaje dibujado con una linealidad poco común en un director de la categoría de Fernando Pérez. Igual sucede con Pancho León, el joven infidente ejecutado en una plaza pública. Muchos de sus parlamentos son “dichos” con acento teatral, casi recitado, sin espontaneidad y con visible nerviosismo.
El filme por dentro
Fernando Pérez nunca ocultó sus cercanías con el simbolismo francés, sobre todo de Renoir y Truffat. Como artista que se respeta, no sólo supo asimilarlas, sino también cruzarlas hasta alcanzar su voz propia. Su cine, además, trasciende por un poder de síntesis propio de un poeta que sabe cautivar tanto por las imágenes en movimiento como por el contenido de los diálogos.
Dividido en cuatro partes (“abejas”, “arias”, “cumpleaños” y “rejas”) el filme se apoya en un logrado trabajo de edición (asimiladas influencias de González Iñárritu, sobre todo en “ 21 gramos ”) para mostrar en dos horas de metraje, retazos de la vida de un niño cubano de mediados del siglo XIX, perteneciente a clase media baja que viaja camino a la adolescencia dentro de la última colonia española del Caribe en tiempos de terror extremo por la crueldad del ejército colonial. Sin embargo, Pérez juega con la condición de que este no es un niño común y corriente, a pesar de las golpizas en la escuela, el miedo a las rabietas y las ofensas de su padre, sino el símbolo de un país, de un continente y de un modelo de vida dedicado a la libertad de su patria. Pero a veces olvida, sobre todo en la adolescencia del personaje, que Martí también fue un niño, un joven y un hombre con los defectos y virtudes de cualquier ser humano.
Uno de los méritos de este filme fue desacralizar la imagen de Martí niño para acercarlo lo más posible al ser humano que fue. Sus miedos, rencores, masturbaciones, ingenuidades y divertimentos son similares a la de cualquier otro de su edad. Es en ese sentido que las primeras dos partes del filme, “abejas” y “arias” parecen más espontaneas y logradas artísticamente que las posteriores (“cumpleaños” y “rejas”) donde el niño se transforma en adolescente y comienza a asumir ciertas posiciones ideológicas y políticas que, exageradas y manipuladas, contribuyen a volver a sacralizar al personaje como el “prototipo” de cubano portador de la ideología de “vanguardia” y de la firmeza de carácter “de los verdaderos patriotas”.
Personajes manipulados
Es precisamente en estas dos últimas partes donde sus palabras, arengas, juicios de valor y proyecciones rozan la exageración y, por ende, adolecen de credibilidad si se tiene en cuenta que estamos en presencia de un adolescente de 16 años que, a pesar de la valiosa instrucción recibida y su innegable talento personal, no es un mesías, ni un maduro intelectual, sino un jovencito con miles de defectos y virtudes, como cualquier cubano con idénticas inquietudes sociales. En esa época, y que me perdonen Pérez y sus informantes, José Martí, estaba muy lejos de comportarse de la forma aguerrida con que se presenta en medio de la tremenda represión española contra los cubanos. La “guapería barata” del protagonista en el Consejo de Guerra que lo condenó a seis años de trabajo forzado; la sostenida “militancia” de Rafael María Mendive quien, más que un educador ilustre preocupado por la justicia social y la independencia de su patria, parece un “filósofo” experto en la teoría del poder. También son muy poco creíbles las reacciones intelectuales de sus alumnos. Las discusiones en clase parecen más cercanas a los contenidos de los círculos de estudio de la Unión de Jóvenes Comunistas de hoy que al nacimiento de la conciencia patriótica en los adolescentes cubanos de ayer.
Otras luces y sombras
A pesar de sus cercanías con la clásica escena del bautizo en “The godfather I”, al final del capítulo “arias”, aparece una secuencia antológica, cuando la famosa soprano Adelina Patti ensaya uno de los temas de su próximo concierto mientras transcurren, de forma paralela, la muerte de la hermana de Martí y la destrucción de la bodega de Salustiano.
Pérez acude a la casualidad para resolver algunas exigencias del guión producidas, tal vez, por su excesiva creatividad, como pueden ser la presencia del niño Martí en Playa Hermosa en el mismo instante en que su padre va a impedir el tráfico de esclavos; la aparición de niños mendigos desnudos en medio de la estación de trenes de Hanábana; el regalo de un caballo a Martí una escena después de que su padre reprimiera al viejo Tomás por haberlo sacado de la casa sin su consentimiento.
Pérez también da crédito a especulaciones históricas caprichosas, como la capacidad del niño Martí de traducir poemas de Lord Byron, así como el traslado de ciertas expresiones del presente al léxico de los personajes de la época, como pueden ser: “Estoy fuera”, “Yo no nací para pendejo”, “Los gobernantes corruptos seguirán corrompiéndose” y “la democracia es el poder del pueblo”, entre muchas otras.
El poeta
Pérez no puede ocultar que es un poeta con pleno dominio del lenguaje cinematográfico, no solo por incorporar a su (s) protagonista (s), algunos textos líricos, y de manejar el simbólico mensaje del “canario amarillo que tiene el ojo tan negro” (como si el ave conversara y enjuiciara al futuro apóstol), sino por esa intuición de presentar rasgos culturales, históricos y ambientales de la cubanía en planos fraccionarios que nos llegan como postales telegráficas, clasificadas, pormenorizadas y prefabricadas como las piezas de un reloj.
“José Martí: el ojo del canario”, es un filme que adolece de la inmensidad de “Suite Habana”, de la pasión de “Clandestinos”, de la frescura de “Madagascar” y de la poesía de “Madrigal”.
A pesar de sus excesos, servirá de referencia obligada a los futuros proyectos sobre la vida del cubano mayor. Sus virtudes técnicas que no pueden pasan inadvertidas.














































